
La oración no es un ritual religioso para que los cristianos lo practiquen una, dos o tres veces al día. La oración es una relación que Dios tiene con sus hijos. Es una relación íntima e individual. La oración es un tiempo para que usted entre en la presencia de su Padre celestial, el Creador y Soberano del universo. La oración es un sagrado privilegio.
El material anima a ver la oración como encuentro vivo con el Padre, no como rutina vacía. Sirve para cultivar intimidad, perseverancia y una vida de oración que sostiene el discipulado diario.